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miércoles, 15 de abril de 2015

No sé.

Hoy fui a visitar a una de mis amigas del alma que fue mamá. Así como me pasa muchas veces con otros bebés o niños, no sabía bien qué podía y qué no. NO había tenido instrucciones. La mamá, mi amiga, había dicho "yo quiero que vengan todos". Intenté recordar qué había pensado o querido yo, qué habíamos acordado con el padre de la criatura. Como tengo mala memoria no lo logré, pero si recuerdo que parí domingo de madrugada, así que tuvimos desfile de parentela. No recuerdo haberme puesto de mal humor ni haberme enojado. Insisto, tengo mala memoria.
Decía, fui a visitarlos. Primero dudé en ir o no con #ebm. No tuve alternativa, así que fui con él. No sabía si estaba bien estar con él adentro, si podía pasar a la habitación. No supe, aunque lo hice igual, si podía abrazar a mi amiga.
No sé. Me sentí estúpida y mal. Me sentí desorientada y boba. No entendía si me estaba haciendo historia sola o qué.
No sé. Es raro. No intenté, ni quise levantar al bebé, solo le hice una caricia con un dedo en la piernita. Después pensé si estuvo bien.
No sé. Quizá esté demasiado pendiente de lo que van a decir los demás y no pueda disfrutar de lo que me sale naturalmente. Como mucho, me equivocaré y me dirán que no. Estoy grande, puedo manejar un no.
No sé.

De este protocolo, cumplí con todo. Aun no visite en casa, pero pienso esperar, avisar, llevar comida y quedarme solo un rato. Esta bien, no? >>> Protocolo de visita

martes, 30 de septiembre de 2014

La mugre, compañera de aventuras.

Antes, quizá veía algún crío con la cara mugrienta y no se me ocurría pensar de donde venía o qué había estado haciendo. Sólo era un nene con la cara y/o la ropa sucia. 
Se me ocurrió hacer un pic-nic con #ebm. Durmió una siesta laaarga y se había hecho medio tarde, en un rato se iba el sol. Autito, Woody, librito, pelota, vasitos de encastre, yogurt, galles, manta y agua. 
Iba a ir a la plaza de la otra cuadra. Pero el único espacio con sol estaba con un poco de barro y tendríamos que compartir con unos grandotes jugando a la pelota. Caminé unas cuadras más y fuimos a la plaza grande. 
Con #ebm aún en su cochecito, acomodé todos los juguetes sobre la manta. La sonrisa de #ebm me confirmó que la decisión estuvo bien. 
Fue poco el tiempo que estuvo sobre la manta y más poco el tiempo que jugó con las cosas que llevé. Por supuesto, una plaza gigante llena de gente, perros, palomas, chicos y yo esperaba que el pibe se siente a jugar conmigo? No, por supuesto que no. 
Un poco de juego y arrancamos con la merienda. Cada cucharada de yogurt pasaba primero por la boca y luego por la tierra antes de volver vacía a mi mano. 
Bastante del agua, en un arranque de emoción, terminó sobre la ropa.   
Gateando para perseguir palomas, sentándose para inspeccionar alguna ramita o alguna hoja, incorporandose para saborear algún pasto, así fue tomando color la ropa de #ebm. 
Ahí me di cuenta que mi garantía de diversión, mi reaseguro, es la mugre. Vuelve sucio, la pasó bien. 
Me alegra no ser una rompe con la limpieza. Me alegra que la mugre no sea algo que me altera. Me alegra no estar pensando en que la tierra, la ropa, la mugre. Me alegra no engancharme a pensar en lo que piensa la gente cuando ve a #ebm todo sucio. 
Es un bebé, no entiende más que de emoción y movimiento. Descubrir y fascinarse. Investigar, llevarse todo lo que pueda a la boca. Desplazarse y encontrar alguna maravilla como una piedrita en el camino. 
La mugre, de ahora en más, será nuestra compañera. 

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