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martes, 11 de noviembre de 2014

Abuelos!

Tengo esto guardado hace no se cuánto...y se me pasó el Dia de la Abuela y me parece una buena ocasión para compartirlo. 


LOS ABUELOS SON EL TRONCO DE LA FAMILIA EXTENDIDA Y APORTAN PERTENENCIA E IDENTIDAD

En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente como consecuencia de un nuevo sistema de producción. La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”.
El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares.
Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas. Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por  nombre,  cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez.
Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad. Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.
Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas. Para opinar, por ejemplo. O para recordar. Como siempre pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado. Aprendieron que
un abrazo vale más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos.  Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. Algunos todavía saben jugar cosas que no se enchufan.
Son personas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).
Finalmente, y para que sepan los descreídos: los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles.


AUTOR: Dr. Orchansky
EXTRACTADO POR. Enrique Sandrone
FUENTE: La Voz del interior

martes, 29 de abril de 2014

Octogenarios II

Mi Abuela está toda arrugadita porque fue un lagarto toda su vida. Había un rayito de sol y ella era capaz de hacer la parabólica humana con tal de que ese rayito la broceara.
Mi Abuelo está igual hace, por lo menos, diez años.
Mi Abuelo tiene unos ojazos azules que no heredamos ninguno de los nietos.
Burako. Uff! Tardes de burako, mi Abuelo es un calenton barbaro. En eso a veces también se parecen o se parecían, porque ahora hace mucho que no jugamos. Mi Abuelo se toma todo el tiempo del mundo en analizar la jugada, ahora cuando vos te tomaste más del tiempo que él considera necesario empieza a apurarte. En lo que se parecen es que en algún momento, alguno de los dos se hincha lo suficiente como para abandonar el juego. Empiezan a juntar las fichas o pegan un manotazo sobre las fichas, desacomodando todo el juego, en general del otro.
Mi abuelo, en cada relato donde haya  un punto de referencia te va a saber decir dirección exacta, o al menos entre qué calle y qué calle está, lo que sea de lo que se esté hablando.
Mi abuela siempre fue una gran recitadora. Se había aprendido unos cuantos versos y poemas de pequeña, que aun hoy recuerda. El famoso "Setenta balcones" lo aprendí de ella. Quizás no es famoso, pero yo conozco ese poema porque mi abuela lo recitaba de memoria, de otra manera nunca lo hubiese conocido, porque debo admitir, la poesía no es lo mio.
Mi Abuelo fue siempre del bar. Juega domino. Después de unas fichas jugadas sabe exactamente qué fichas quedan sueltas y probablemente sepa qué fichas tenes vos.
Mi Abuela sabe hacerse querer enseguida. Donde fue, donde vivió, supo hacerse amistades. Tal es así que en el festejo de sus ochenta vinieron amiguitas suyas de Uruguay, que dejó de ver cuando tenía 10 años. Amigos de la adolescencia, una pareja amiga con la que en una salida de joda conoció a mi abuelo. Amigos de la vida, de los barrios donde vivió.
Mi Abuelo cuando le interesa algo se te para al lado, las dos manos atrás y mira, pregunta, mira y repregunta. Así camina también. Con sus dos manos agarradas en la espalda. Es muy una posición de él.
Mi Abuela es hija única, mi Abuelo uno de tres. A la mamá de mi Abuelo la pude conocer, era mi bobe.  A los papás de mi Abuela no.
Mi Abuela se llama Aida.
Mi Abuelo, Santiago.
Dos Octagenarios, Dos.


Setenta balcones y ninguna flor

Baldomero Fernandez Moreno

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor!

miércoles, 23 de abril de 2014

El te de la tarde.

Ay! Me colé a un te entre mi tía (tia abuela), una amiga, mi abuela, la prima de mi abuelo y mi abuelo.
86, 82, 80, 80 y 78. Con #ebm bajamos el promedio. 
Los temas de conversación fueron: las medias para la retención de líquidos; la edad de Mirta Legrand; las cremas. Mechado con esos temas, muy de la edad, las rateadas cuando eran jovencitas. Mi abuela y la prima de mi abuelo, Sarita, parece ser que eran culo y calzón. Se rateaban juntas, y lasdos con apellido que empieza con k, en la lista venían una atrás de la otra y los profesores se las confundían. 
Mi abuelo miraba un partido de noquequien contra nosecual mientras nosotras charlábamos. Hasta que se hizo la hora de la novela. Mi tía lo despacho muy amablemente a mi abuelo y se instaló con su amiga, Cuca, a mirar la famosa Avenida Brasil. 
Esa Cuca fue compañera de mi abuelo, de lo que era en su época la primaria. Así que hace más de 70 años que se conocen. 
Algunas anécdotas de embarazos, crianza y muuuucha atención a #ebm. Sarita, parto natural, el tercero, 4,600 kg. Mi abuela contaba que mi tío no quiso ir con nadie hasta los 2 años, que lloraba y lloraba con quien sea. 
Empecé a escribir este post y no se bien a donde va. Creo que tiene más que ver con que estoy atesorando momentos con mi abuela antes que se vuelva. 
Iba a poner 'vaya' en lugar de 'vuelva', pero no me gustó. El corazón me hizo "cuish-cuish" y no quiero seguir. 

miércoles, 16 de abril de 2014

Pesaj.

Tuvimos la cena de Pesaj. Mi vieja hizo un seder re lindo. Desde que nació mi hermanita empezamos con los seder. Éste fue el primero de #ebm, tuve la suerte, tuvimos de poder compartirlo con mis abuelos. No sólo eso, tuvimos la suerte, mi familia digo, de compartir la mesa con un desconocido. Un vecino solo que compartió la cena de Pesaj con nosotros. Una mitzvá que le dicen.
Cuando llegué a la casa de mi vieja estaban, mi mamá, mi hermanita y mi abuela por empezar la bendición de las velas. Lo religioso no es lo mío, las tradiciones me encantan. Todo lo que forma parte de rituales que se comparten y se trasmiten me encantan. Me emociona pensar en la continuación de ciertas tradiciones. 
Este año mi vieja, la encargada de la palabra, siempre, se dirigió a mis sobrinos. Los mellis de tres y Charo de siete. Les explicó cada ingrediente de la Keará mientras les contaba el cuento. Mientras lo hacía, se me vino a la cabeza la película "Los diez mandamientos" que veíamos año tras año, por años, en lo de mi abuela. 
Hizo participar a mi hermanita con preguntas como ¿de dónde escaparon? De Egipto. Y ¿cómo se llamaba ese señor?" Moshé
Le puso misterio al relato para que mis sobrinos participarán: ¿saben cómo hicieron para cruzar el mar? 
Ante la negativa de mis sobrinos, dió una respuesta teatral. Gesticulando, como suele hacer, abrió los brazos de par en par para explicar cómo se dividieron las aguas del Mar Rojo. Se dan una idea de porque ella tiene la palabra siempre?
Todos escuchamos muy atentos el seder de este año que empezó con un cuento y terminó invitando a los adultos a reflexionar. Pesaj conmemora la liberación de los judíos de Egipto. La invitación fue para pensar en que "todos tenemos un egipto" del que liberarnos. 
Pesaj 5774: una invitación a vivir más libres. 







miércoles, 9 de abril de 2014

Octogenarios.

Festejamos los 80 de mi abuela, así como dos años atrás festejamos los 80 de mi abuelo. Entre los invitados, aquella vez y esta había aproximadamente unos 1875 años, hice el cálculo.
Mis abuelos son tan distintos. Ahora, entrados en años cada vez se parecen más. Los dos gritan mucho porque no se oyen. Los dos se contestan cualquier cosa porque no se escuchan. Cualquiera de los dos en alguna conversión puede responder un enérgico "Sí" cuando la respuesta era "domingo" o " 6 de abril".
Pero en esencia son diferentes. Mi abuela es besuqueira por naturaleza. Mi abuelo nada que ver. Mi abuelo es de los que cuando le decís "te quiero" te responde "bueno, bueno, yo también".
Mi abuela es peleona, de chiquita. Mi abuelo es más de dejar que las cosas pasen, de no meterse tanto con el otro. Mi abuela es franelera, mi abuelo no. Mi abuela es flaquita, siempre lo fue. Mi abuelo es gordo, siempre lo fue, al menos desde que yo recuerdo.
Mi abuela siempre dice, " a mi si no me caes bien de entrada..."
Mi abuelo, ante la pregunta ¿cómo estas? responde "tss...de diez para arriba".
Mi abuela es uruguaya, vive en Argentina desde que tiene, creo, 10 años. Nunca quiso hacerse ciudadana, ella llevó su uruguayidad hasta Israel, que es donde viven actualmente.
Mi abuelo es de los de antes, de esos que "se dejan" hacer todo. No porque no sepa hacer las cosas, sólo porque fue así toda la vida. Mi abuela es la otra mitad de la culpa. Mi abuelo hace las compras, porque mi abuela no puede cargar, tuvo un accidente hace unos años y le quedo un brazo medio rotito. Pero mi abuela, diría, hace todo lo demás.
Mi abuelo, a media mañana y a media tarde, después del desayuno y después de la siesta, lee el diario íntegro. De punta a punta. La siesta para mi abuelo es sagrada. Es de los que se duermen en la mesa después de comer.
Ante la emoción, son super distintos. Mi abuelo llora. Mi abuela no. Ella se conmueve, sí, claro, pero no llora. A mi abuelo se le quiebra la voz, hace puchero, se le achinan los ojitos. Obvio que cada vez que veo llorar a mi abuelo, yo lloro también.
Mi abuela hace los mejores ñoquis del mundo. Este año me pasa receta y hacemos ñoquis juntas.
Es muy emocionante ver a mi abuela jugando con #ebm. Le hace un baile que me mata de amor. Mi abuelo los primeros días, con solo mirarlo lo hacía llorar. Después mi abuelo le hacía caras y #ebm se reía.
El mismo día del festejo, porque el cumple había sido quince días antes, cumplieron 58 años de casados. Según trascendió, mi abuelo le habría escrito una tarjeta que decía "después de aguantarte estos 58 años" o algo así...mi abuela se la rompió en la cara. La tarjeta nueva dice así "Espero que me aguantes otros 80 pirulos. Con Amor, te quiero mucho. Tu querido esposo."
Tengo el recuerdo patente, si bien vivieron en muchos lugares, recuerdo la casa de Versalles. Pasaje La Huella. Me acuerdo que ir de mi abuela era, pastas, tele y cosas ricas. Me acuerdo de la heladera y la alacena siempre con cosas. No me pregunten con qué, porque eso no me acuerdo. Me acuerdo la sensación. Esa sensación de "en la casa de la abuela se puede hacer de todo".
Tenían a Maradona, un perro que era mezcla de murciélago y can. Así de feo era. Quedarse a dormir en lo de mis abuelos era acostarse y quedarse lo mas quieto posible para que Maradona no te muerda los pies.
Ir a lo de mi abuela era mirar esa orquesta de monitos de bronce. Lo unico que quería era tener esos monitos en mi poder. Me hipnotizaban. Años después los heredó mi hermanita menor. Aunque no llegó toda la orquesta. Yo había ligado, en algun momento el flauta traversa. Mi mayor deseo era el que tocaba el tambor.



Amo ser nieta de mis abuelos. 





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